Siempre que me encuentro en un lugar público me fijo en el dedo anular de la mano izquierda de la gente. Creo que es algo que jamás había confesado, pero es que no deja de sorprenderme la facilidad (al menos en apariencia) con la que la gente coloca un anillo en su dedo y se casa. Debo decir que no hay diversión alguna en observar a las parejas, no, no, la diversión está en observar a la gente que va sola. ¿Cómo será su espos@? ¿Qué tendrá esta persona para que otra persona en el mundo haya decidio pasar el resto de su vida junto a ella? No, no estoy siendo sarcástica; es una pregunta muy seria, es más, siempre que me lo pregunto hasta siento un poco de envidia. Yo quiero saber qué se siente conocer a un hombre y tener la certeza -aunque sea por un tiempo, aunque no dure para siempre -de que es con él con quien quiero estar por el resto de mi vida. Quiero saber qué se siente renunciar a tener sexo con cualquier otra persona por siempre jamás y estar absolutamente convencida de ello. No es que quiera casarme necesariamente, es una auténtica curiosidad. ¿Qué tendría que tener alguien para que yo me pudiera sentir así, para que yo decidiera pasar el resto de mi vida con él? Y no sólo eso. ¿Qué podría ofrecer yo para que algún loco decidiera que quiere pasar el resto de su vida conmigo?
A mí, honestamente, la conjunción de las características necesarias para que esto suceda me parece complicadísima; sigo sin entender por qué hay tantos anillos en las calles. Por eso, cada vez que me encuentro con un anillo en el dedo anular de una mano izquierda, intento imaginar cómo lograron llegar hasta ahí... Nunca he encontrado una respuesta satisfactoria pero ahh cómo me entretengo...


1 enredos líquidos:
Creo que comprendo. No hay eternidad que no sea efímera. La única muestra de ello soy yo mismo y mi relación con ella. No estamos casados, eso siempre fue y ha sido irrelevante, llevamos cerca de quince años conviviendo sin anillos y no me ocupa indagar sobre la fidelidad de mi pareja, ella es responsable de sus emociones y de sus aficiones sexuales. Tampoco pienso que sea laxitud moral, pues considero falsa la idea de que alguien pueda estar "para siempre" con otra persona. Hay un cierto acuerdo sobre ello y es una forma de comprenderlo.
Con todo, las relaciones se desgastan, con el paso del tiempo los intereses divergen y se torna en un auténtico trabajo saber, por qué se desea estar ahí y no en otro lugar. A pesar de todo considero que sólo es un consumo social, algo parecido a un: se está porque se debe estar.
Sé que nada obliga y aún no me explico tal necesidad. Pero hay en nuestro caso ciertos asuntos de por medio que han sido insoslayables, como compartir la economía de un espacio, la maternidad-paternidad de una hija nacida al amparo de un deseo mutuo, el sentido de solidaridad con los proyectos de tu pareja y, tal vez, el mundo de personas que recreas alrededor de este concepto de pareja o de familia.
No me hagas mucho caso, es sólo una observación.
Yo en el tiempo que llevamos conviviendo, he tenido relaciones esporádicas con otras mujeres, y estoy cierto de que, al menos en un inicio, ella también ha tenido relaciones esporádicas con otros hombres. Pensamos ambos que eso es parte de nuestra intimidad, siempre que seamos responsables de no herir a nadie, no contraer enfermedades sexuales y ser tan discretos como sea posible, eso no significa un motivo de separación. Pero la norma social pesa tanto que no puedes eludir esto último. Las personas te observan con prejuicio cuando decides abiertamente hacer uso de tu libertad, aún cuando no afectes a terceros.
No pienso que sea un dilema de fidelidad, sino de límites morales. Y eso también pesa, no es sencillo, cuando te involucras con alguien distinto a tu pareja, pesa mucho emocionalmente y, si uno es sensato, se debe desistir en breve, muy breve tiempo. Del otro lado puede existir alguien tan liberal como uno, pero idénticamente demandante de afecto y presencia como la propia pareja, no se puede tomar con ligereza aquello y mucho menos ignorar tales emociones.
Es como un embudo que al final conduce a la monogamia. También es importante observar que la lozanía y el ímpetu sexual van cediendo con el paso de los años. Uno no es eternamente joven y a mi eso me consta. La verdad muchos me han creído amargado cuando digo que el amor, la familia, la fidelidad y la pareja son patrañas y mentiras que nos hemos empañado en edificar. Sí supieran cuánto he aprendido de mi pareja, de mi hija, de mis eventuales relaciones con otras mujeres y de mi mismo al permitirme un poco de sano escepticismo, tal vez no dirían lo mismo.
En resumen, admiro cómo cuestionas un consumo social que pocos cuestionan... aunque tu decisión hasta ahora sea de pronóstico reservado; es muy bella la forma en la expresas tu reflexión, pero sobre todo la considero valiente. Eha y no pienses que es lisonja, eres una mujer bella, más no llevo intención de ligue, ni chuchería barata, sólo compartir mi anécdota. Veo que eres joven, creo —y deseo— hallarás una pareja estable, por lo menos durante algún tiempo, casi lo puedo asegurar.
De vez en vez visitaré tu blog si no te incomoda.
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