En cada sueño voy arrastrando el saco desgastado de mi memoria que se va llenando con recuerdos reales y fabricados. Nunca me acuerdo de mis sueños porque al despertar el saco ha desaparecido y sólo queda un rastro de sensaciones que se va degradando poco a poco. Sonrisas, lágrimas, malestares y placeres, todo depende de la combinación específica de la noche anterior, de aquella receta única a la que no tengo acceso pero de la cual se alimentan mis pestañas mientras duermo y mi semblante cuando camino. Yo, al contrario de Penlélope, tejo durante la noche y al olvidar, deshago durante el día, esperando a que mis párpados vuelvan a cerrarse para volver a empezar...
domingo, septiembre 21, 2008
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