Me saluda a lo lejos, detrás del traslúcido velo del deseo temeroso, sin entender que ya no hay nada, escarbando donde lo único que queda es lo dulce del recuerdo y lo amargo del vacío. Yo respondo ausente, inmersa en la tentación de otro vago deseo, empapando mis labios de lejanas fantasías, imaginando el calor de otra piel sobre la mía.
PD1: Participé brevemente en la marcha gay del fin de semana. Estuvo increíble.
PD2: Si no han visto Persépolis, háganlo ahora.


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