Vasija de plata quemada,
absorta ante el fuego lento
donde el humo de mi aliento
se confunde con una poción evaporada
Mortero de marfil despostillado,
donde yace la piel resquebrajada
de aquel que ha tocado mi espalda
y el cabello que caía enredado
entre esos dedos armoniosos
que aquella vez resultaron tersos
Perfume espeso de resinas envinadas
que salpica el espacio compartido
de quien se acerca a mi cuerpo encendido,
percibiendo las fragancias secretadas
sobre una cama destendida y arrugada,
detrás de una nariz ardiente y saturada
Extraña melodía de sirena terrestre,
donde entre mis suspiros intermitentes
yacen aquellos oídos impertinentes,
el filo de aquel silencio rupestre,
la cadencia de mi voz hechizada
y el ritmo de mi risa entrecortada
Dulce caramelo de un veneno desabrido:
mis labios carnosos y empapados
por la boca de adictos y frustrados
que bajo su paladar confundido
no se dan cuenta de que en el beso azucarado
se esconde lo amargo de un abrazo mal logrado
Bosquejo detallado, colorido y acertado:
mis ojos ensuciados por retratos obsesivos,
por batallas perdidas y héroes caídos,
por la insinuación temerosa del café destemplado,
por la verde ligereza esporádica y explosiva
y la miel de la nostalgia apasionada y reprimida
Así se navega por los mares sensoriales,
difuminando recuerdos desenvueltos,
salpicando sombras celestiales
y fabricando soldados en el viento
domingo, mayo 18, 2008
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1 enredos líquidos:
Buena mujer... la estructura está muuuuuuy chida, jajaja. De hecho, este post simplemente reafirma tu vocación de poetisa laberíntica.
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