lunes, diciembre 24, 2007

Yo en Baltimore

Hoy decidí buscar videos de los Smashing Pumpkins en el Virgin Festival en Baltimore... Entonces me encontré con esto; está súper chafa el video pero... ¡¡¡salgo yo!!! Lo juro, sale mi cabeza todo el tiempo en la esquina inferior derecha y casi al final me volteo hacia atrás, ahí es donde pueden comprobarlo, jajaja (lo siento, tenía que subir esto)

domingo, diciembre 23, 2007

Entre lunas y dragones

Estaba demasiado cansada como para entender lo que sucedía en mi jardín. Eran las cuatro de la mañana y estaba extraordinariamente bien iluminado; era la luna. No había un solo ruido y la luz me confortó, porque si las hojas secas hacían ruido, sólo había dos posibilidades: o era yo, o era una rata. Pero como había en el cielo una pelota gigante iluminando únicamente mi jardín, las ratas probablemente se esconderían en el sombrío jardín de los vecinos. Mi casa se encontraba más silenciosa de lo normal, me serví un vaso con agua y subí a mi habitación. Puse el vaso en el buró, me quité la ropa torpemente, me amarré el cabello en una cola y busqué la pijama. Después de los minutos que me tomó el ponerme la pijama y lavarme los dientes, tomé un trago de agua, apagué la luz del buró y me senté en la oscuridad de la cama. No, no estaba ebria, sólo estaba muy, muy cansada. Algo extraño estaba pasando, mi almohada se encontraba completamente iluminada. Me acosté con la luna lastimando mis ojos, asomándose por la pequeña ventana que se encuentra cerca del alto techo de mi habitación. Tuve que tapar mi cara con las cobijas y mis ojos se cerraron de manera inevitable. Estaba tan cansada que no podía moverme, pero tampoco podía dormir. Entonces, comencé a recordar todas las miradas con las que me encontré en el día, todas las reacciones, todos los comentarios, todos lo guiños, los gestos, las manos, las expresiones, los parpadeos, los movimientos, los lvknljiofe…
Desperté muchas horas después con el sol colándose entre mis pestañas y recordé cómo me había quedado dormida. Es que son detalles que sólo puedo compartir con mi dragón. He intentado tantas veces con tantas personas compartirlos y ha sido en vano. Siempre concluyen que exagero, que no es importante, que no entienden por qué estoy hablando de eso… Y cómo explicar que todo es importante, no en sí, sino en el contexto de las redes que mi dragón y yo construimos. Es que si remarco un detalle mínimo, parece que exagero, que le doy mucha importancia a lo insignificante; pero no es eso, es sólo un pedacito del todo que está en mi cabeza, son ese tipo de cosas las que me convierten en bruja más adelante. Entonces sí, viene una vez más: “pero es que dime cómo le haces”. Si supieran que me fijo en cada detalle; que todo lo que no es importante puede ser fundamental; que no puedo parar; que me di cuenta de lo que hiciste; que puedo adivinar lo que piensas en este momento; que todo lo que hago y digo está perfectamente pensado; que puedo anticipar los juegos de una manera tan precisa que si lo supieras, te daría pena seguir jugando; que nada, nada, nada es casual… Ya mejor me río, aunque no dejo de añorar un botón de pausa… O no…

lunes, diciembre 17, 2007

Conciencia de fin de año

Hoy una ráfaga de viento enredó mi cabello y junto con él mis ideas desordenadas cambiaron de posición. No recuerdo quién se encontraba en mi mente ayer, ni siquiera recuerdo en qué momento obscureció el cielo que se cuela por mi ventana en este momento. La conciencia de la existencia de las telarañas no implica su eliminación; así que el conocimiento de mis patrones no me hará cambiarlos pero sí me hace esperar sus consecuencias. Me espera un año con las mismas frases, distinta voz. Si supieras que es inevitable, tal vez te resignarías. No dejaré de ser el fantasma de carne y hueso que aparece en los sueños más angustiantes así como en los más agitados. Todo esto lo sé, no necesito que me lo digan, sólo lo sé.

martes, diciembre 11, 2007

Navidades

Por fin está aquí la época navideña y no hay nada que me haga sentir mayor malestar. No es sólo la época en sí (adornos por doquier, felicidad ficticia, colores, luces…), es lo que implica el último mes del año. Para mí, las discusiones eternas entre mis padres sobre con quién pasaríamos mi hermano y yo la navidad y/o el año nuevo han dejado un pésimo sabor de boca; desde chica, sólo quería que llegara el siguiente año lo más pronto posible. Creo que esta es una de las razones principales por las cuales la navidad y diciembre en general, me dan repele. Los regalos me emocionaban, sí, pero hubiera cambiado mis regalos de cualquier año con tal de no sentir que no era posible complacer a todo el mundo. Porque a fin de cuentas, ¿la navidad qué? y ¿el año nuevo qué? En realidad, ninguna de las dos festividades significa mucho para mí, así que en el fondo me daba exactamente lo mismo con quién pasarlas. Ahora la discusión no es entre mis padres, es interna y no ha dejado de conflictuarme. Pero más allá de los conflictos cotidianos que invaden mi mente por estas fechas, hay otra cosa que me altera aún más. Siempre, al final del año, hago un recuento de los daños y los logros; no les costará mucho imaginar que suelo enfocarme en los daños más que en los logros. Voy analizando cada mes, cada acontecimiento importante, cada acción, cada todo… Y no puedo evitar el sentir que si bien hubo logros, hubo errores recurrentes, de aquellos que pedí en las uvas del año pasado no volver a cometer; de aquellos que sé que seguiré cometiendo y haciendo corajes cada diciembre. Por otro lado, este recuento hace que sienta el impulso de decir una serie de cosas a una serie de personas. He llegado a pensar en ocultar los mensajes en regalos navideños, pero creo que en muchos casos sería inútil. No son mensajes de felicidad y paz decembrina, como dije, diciembre sólo se presta para hacer mi recuento; podría hacerlo en cualquier otro mes, pero diciembre es administrativamente mejor (las vacaciones duran el tiempo exacto que requiero para ello y no podemos evitar pensar en el cambio de año como cambio de ciclo). Pero siempre hay algo que pudo haber quedado más claro, algo que pude haber dicho y no lo hice, algo que me gustaría escuchar, algo que me gustaría preguntar, algo… Entonces, como los regalos navideños han quedado eliminados de mis alternativas, me gusta pensar que el mensaje con su respectivo regalo será recibido por quien tenga que serlo y que la forma puede ser cambiante; un grano de azúcar, el título de un libro, un poema, una calle, una canción, una foto, una carta… cualquier cosa que haga que me recuerden los que tienen que hacerlo. Un beso para ustedes…

lunes, diciembre 03, 2007

Un león

Sobre mis manos se sostiene un sable con filo de seducción. Detrás de miradas y gestos, frente a palabras y retos, me encuentro con otro león cautivo. El vientre sonríe con frivolidad evidente, los labios toman el control de sus sienes. Voy tejiendo telarañas detrás de mí y conforme sus ojos se van rindiendo, los míos se van disfrazando de indiferencia, observando el sublime paisaje de su impaciencia. Mi cuerpo contempla la posibilidad entre las ramas y se va deshaciendo entre fantasías inesperadas. Mis pestañas son suaves plumas que caen ligeras unas sobre otras mientras mi red cuelga de sus bigotes. Es un juego secreto, perpetuo y circular, una obsesión que consume lentamente, un holograma de esperanza con el que los niños juegan en el parque. Hay veces que acaricio la melena hasta escuchar un ronroneo; otras, sólo utilizo el sable para descubrir el reflejo del deseo.